Dos balances fiables de víctimas pueden diferir sin que ninguna organización haya contado de forma descuidada. Una puede registrar muertes de civiles identificados en una zona concreta; otra, estimar todas las muertes directas de un conflicto. Antes de preguntar qué cifra es mayor, conviene preguntar qué mide cada una.

La cifra de víctimas más útil define con claridad la población, el lugar, el periodo, la categoría y el método. Su explicación también debería indicar si se trata de un mínimo verificado, un total reportado o una estimación. Sin esos límites, la precisión puede engañar: un número expresado hasta la última persona puede describir únicamente los casos a los que tuvo acceso quien lo elaboró.

Empezar por las personas y las categorías

Muertos, heridos y desaparecidos son situaciones distintas. El término bajas a veces combina muertos y heridos, aunque un sistema militar o estadístico concreto puede utilizar otra definición. Un titular que sustituye bajas por muertos puede, por tanto, cambiar sustancialmente la afirmación.

Desaparecido significa que se desconoce el paradero o el destino de una persona. No debe convertirse de forma implícita en una muerte contabilizada. El 15 de octubre, la actualización de la Autoridad Naval Rumana difundida por AGERPRES registró cinco rescatados y siete desaparecidos tras el incendio del Wine Trader, reemplazando un balance anterior de cuatro personas a salvo y ocho desaparecidas. Cambió la situación de una persona; el total a bordo siguió siendo 12. La cronología del rescate ilustra por qué un balance cambiante no es automáticamente una inconsistencia.

Las categorías de civil y combatiente necesitan sus propias reglas. Quien registra los casos puede tener pruebas suficientes de que una persona murió, pero carecer de información para establecer su condición. Mantener una categoría desconocida es más preciso que encajar cada caso en una clasificación políticamente conveniente. Las pruebas posteriores pueden cambiar esa clasificación sin alterar el número total de muertos.

Un mínimo verificado es una afirmación delimitada

Las orientaciones del ACNUDH sobre el registro de víctimas destacan la evaluación de fuentes, la corroboración, la coherencia de las categorías y el control de calidad. El criterio recomendado para la ONU pregunta si existen motivos razonables para creer que un hecho registrado ocurrió como se describe. Es un umbral probatorio explícito, no una promesa de acceso completo a todas las muertes.

Las organizaciones pueden crear registros individuales, registros de incidentes o ambos. Nombres, fechas, lugares y circunstancias ayudan a relacionar relatos, pero también generan riesgos de duplicación. Dos hospitales pueden describir a la misma persona después de un traslado. Varios medios pueden reproducir una lista de una única autoridad. Un nombre puede aparecer con grafías distintas. Ninguna de esas situaciones añade una víctima por el mero hecho de que exista otra entrada.

Los estándares de registro de Every Casualty Counts exigen conservar las fuentes, controlar los duplicados, corroborar la información y establecer procedimientos de corrección. Un método transparente permite ver qué casos cumplen los requisitos de inclusión y cómo se resuelven las discrepancias.

Incluso un registro cuidadoso puede omitir lugares inaccesibles, personas no identificadas o incidentes cuyas pruebas todavía no han llegado. Un mínimo verificado significa que al menos ese número de casos admisibles ha superado el umbral elegido. No afirma que no haya muerto nadie más. A la inversa, un total reportado mayor no queda verificado simplemente porque el recuento menor sea incompleto.

Las estimaciones responden a otra pregunta

El manual de codificación de muertes en combate del Uppsala Conflict Data Program, versión 25.1, define su alcance en torno a las muertes directas en hechos relacionados con combates entre partes beligerantes. Puede incluir militares y civiles muertos en esos hechos. No equivale a todas las muertes causadas por los efectos más amplios de una guerra.

UCDP publica estimaciones baja, central y alta para reflejar la incertidumbre de la información disponible. Esas cifras resultan de su método de codificación; no debe suponerse que sean intervalos estadísticos de confianza ni que la estimación alta sea un límite absoluto de la realidad. La información nueva puede modificar la serie.

Otro método puede estimar el exceso de mortalidad comparando las muertes observadas con una referencia esperada. Esos estudios pueden captar consecuencias que los registros de incidentes no recogen, incluidas muertes asociadas a la interrupción de la atención sanitaria, las enfermedades o el hambre. Sus resultados dependen de la población, la referencia, los datos de encuestas o registros y los supuestos analíticos.

Las orientaciones técnicas del ACNUDH sobre muertes relacionadas con conflictos distinguen las muertes directas documentadas, las estimaciones de muertes directas no documentadas y las medidas más amplias de exceso de mortalidad. Sumar cifras de esas categorías sin comprobar si se superponen puede contar dos veces las mismas muertes. Compararlas sin alinear el periodo y la población puede crear una contradicción aparente cuando los estudios plantearon preguntas distintas.

Leer las revisiones antes de juzgar la tendencia

Un total revisado puede incluir muertes ocurridas semanas antes, pero verificadas solo ahora. Por tanto, un aumento entre dos publicaciones no equivale necesariamente al número de muertos entre esas fechas de publicación. La fecha del hecho, la de notificación y la de verificación cumplen funciones diferentes.

Las correcciones también pueden reducir un total: se pueden eliminar duplicados, encontrar viva a una persona reportada como muerta o excluir un caso que no cumple las reglas del conjunto de datos. Un historial de revisiones aporta información útil sobre cómo funciona un sistema. Su mera existencia no demuestra manipulación ni exactitud.

Antes de comparar dos cifras, hay que alinear seis elementos: población, geografía, periodo, tipo de daño, umbral de verificación y condición de mínimo o estimación. Después se examinan la independencia de las fuentes, las limitaciones de acceso y las prácticas de corrección. Como ocurre con otras afirmaciones sobre el campo de batalla, la pregunta no es solo quién publicó la cifra. Es qué pruebas respaldan la conclusión concreta que se extrae de ella.